Ha nacido un imperio

Lucas 1:30-33

Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

 

El evangelio de Mateo nos habla siempre de un reino para que podamos tener un sentido claro de la relación que debemos tener con Dios.

 

La estrella habla de la fe. Los magos vinieron por la fe porque vieron y creyeron que aquella estrella era una señal de parte de Dios para hacer algo. Los magos se postran ante un niño que ya es catalogado como rey.

 

Isaías 9:6-7

“…un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.

 

En la Navidad estamos celebrando el nacimiento de un imperio nuevo. Por eso a Jesús no se le trata como príncipe, no adoran a los romanos, sino que se postran ante Jesús y dicen que Él es el rey.

 

El no será sustituido por otro rey, no va a haber otro liderazgo.

 

A veces creemos que seguir a Jesús es una adaptación de reino, un cambio político. Pero es un reino nuevo, por lo que tenemos que nacer de nuevo. Implica comenzar de nuevo. También es una bendición, porque gracias a él prescriben nuestros delitos, nuestros pecados.

 

Solo en el reino de Dios podemos volver a empezar, tenemos otra nueva oportunidad, y su misericordia es hecha nueva cada mañana.

 

El mensaje que se da es de humildad, algo totalmente diferente a los reyes de la tierra. El reino de los cielos no tiene que ver con nada humano.

 

Este reino tiene un origen está en la necesidad que había del amor. El hombre estaba aturdido, caído… Pero en el reino, las cosas son diferentes porque tenemos un plan y un propósito.

 

Jesus aparece en el momento más oscuro de la historia, donde la gente está cansada de luchar. El reino de los cielos nace en una situación difícil ya que nunca el pueblo de Israel había sido ocupado por otro reino: los romanos. Era lo más humillante que le estaba pasando al pueblo de Dios. Isaías lanza el mensaje que ese era el momento que Jesús iba a nacer.

 

El reino aparece en los momentos más difíciles de nuestras vidas

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Cuando el pueblo de Israel sale de Egipto tiene mucha similitud con el nacimiento de Jesús. Un día antes estaban muriendo como esclavos, y en un día estaban siendo libres, no hubo guerra, no se dividió. De pronto nacieron, de pronto nació un reino. Ellos comieron el cordero como una señal de que empezaba un reino nuevo, como señal de que el sacrificio propuesto por Dios era aceptado.

En la navidad celebramos que se nos ha entregado el Cordero de Dios. Es lo mismo que aceptar nuestra libertad. Necesitamos comer el cordero, nacer de nuevo.

 

El tercer reinado será cuando venga Jesús y restaure el orden en la humanidad.

 

Los reyes le entregan tres regalos: oro: (fe), incienso (oración) y mirra (alabanza y adoración).

 

Se nos entrega por el Espíritu Santo una vida de fe, de oración y de alabanza. Sin esto no podremos entrar en el reino. Sin fe es imposible agradar a Dios.

 

El rey Jesús nos ha traído un nuevo principio. El ángel llama a los pastores porque ellos conocían y trataban con toda la gente y podían extender el mensaje.

 

A partir de este momento debemos nacer de nuevo, si no lo hemos hecho hasta ahora.

 

Aquí estamos como extranjeros. Cuando pertenecemos aún nuevo reino, perdemos nuestra antigua nacionalidad. Ahora somos ciudadanos del reino de los cielos y extranjeros aquí. El primer paso para entrar en el reino de los cielos, lo primero es arrepentirse. Debemos vivir de acuerdo a los estatutos del reino.

 

Jesus antes de su ascensión, después de haber vivido como hombre, él muere en sacrificio, y después de haber bajado hasta los infiernos y haber resucitado, dice que toda potestad le es dada en el cielo y en la tierra.

 

Y dice a sus discípulos que vayan por la tierra predicando el evangelio, que cuenten que hay una esperanza.

 

Jesus nació como Rey pero solamente después de haber padecido y haber muerto, pudo sentarse en el reino. A veces queremos estar en el reino y ser reyes sin romper con nuestra nacionalidad del mundo.

 

Debemos crecer en una cultura del reino, hay cosas del mundo que están bien, pero lo importante es la cultura del reino.

 

Nuestro reino es eterno, no va cambiar nuestro rey, seguimos esperándole.

Para vivir en el reino, debemos vivir como Jesús. Acatar las reyes del reino, y la primera de ella dice “amarás al señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu mente con todas tus fuerza y al prójimo como a ti mismo”.

 

La navidad es el principio de un imperio. Si quieres entrar, entra lo antes posible, arrepintiéndote de tus pecados, ya que es el arrepentimiento el principio para recibir la bendición del reino.

 


Roberto González

Junto a su esposa Maricarmen Romero pastorean la iglesia “Manantiales” ubicada en el Municipio de Boadilla del Monte (Madrid). En los últimos años se han consolidado con un refrescante ministerio profético enfocado a la vida interior del creyente y en el manejo de los dones proféticos dentro de la iglesia local.

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